Carne roja y su posible relación con el cáncer

Fresh raw beef on cutting board

Consumo de carne roja, un enfoque holístico

Recientemente hemos oído en las noticias como la OMS ha declarado que el consumo de carne roja y carne procesada está relacionado con la incidencia de cáncer en particular cáncer de colon.

Un grupo de 22 científicos de la Agencia Internacional de Investigación del Cáncer evaluó más de 800 estudios de varios continentes sobre la relación del consumo de carne roja con el cáncer.

Sobre la base de ese análisis, la agencia clasificó las carnes procesadas como “carcinógenas para los seres humanos” y destacó la relación que su consumo tenía en particular con el cáncer de colon.

Se abstuvieron de emitir recomendaciones alimentarias específicas por carecer de suficiente información para definir la cantidad que hay que consumir de carne procesada para que comerla sea muy peligroso. Sin embargo, señaló que el riesgo aumenta con la cantidad ingerida.

En la Nutrición Medicinal, aprendemos a como manejar el consumo adecuado de carnes dependiendo del caso particular de cada paciente y de su necesidad de hacer una depuración, bajar inflamación en el organismo o acelerar un proceso de sanación. En estos tres casos el consumo de carne entorpecería el tratamiento. Muchos aspectos negativos del consumo de carne no se aplican a una persona que goza de buena salud, sin embargo los siguientes aspectos afectarían a cualquier individuo, mas o menos dependiendo de su estado de salud y su energía vital:

El consumo de carne utiliza la energía vital de la Fuerza Vital. Por lo tanto, la carne en la dieta dificulta la eliminación de toxinas. El consumo de carne perjudica el proceso constante de depuración y desintoxicación que realiza el cuerpo debido a que la energía utilizada para digerir la carne podría haber sido utilizada para desintoxicar de manera más eficiente.

Existe una relación bien comprobada entre el consumo de carne y el cáncer. 
Se pueden formar nitrosaminas en el estómago después de ingerir el nitrato de sodio en fiambres tales como el jamón, las salchichas y el salame. Otros fiambres tales como el bacon ya contienen nitrosaminas sin que se requiera ninguna acción adicional en el cuerpo. Estudios clínicos han asociado los fiambres con el desarrollo de leucemia en los niños (Harper, 1995).

La carne promueve la alcalinidad en el ileum y el colon debido al amonio que libera y esto a su vez promueve el crecimiento de la flora intestinal indeseable que prefiere ambientes alcalinos.

La carne es particularmente susceptible al desarrollo de organismos patógenos. Se ha identificado más de 1600 tipos de salmonela y conjuntamente con el campilobacter están entre las causas más comunes de intoxicación alimentaria. Son muy comunes en las carne de aves de corral y en animales de cría intensiva (Southgate, 1993). Si bien el calor mata los organismos patógenos, la intoxicación se produce cuando no se ha calentado y cocinado el alimento de manera adecuada o cuando se produce una contaminación cruzada de otros alimentos por efecto de algún contacto con carne cruda.

También es probable que la carne contenga toxinas indeseables como resultado de algunas prácticas ganaderas modernas que utilizan hormonas, antibióticos y pesticidas en los forrajes de los animales y en forma de inyecciones. El uso de hormonas artificiales para estimular el crecimiento probablemente siga siendo una característica de la industria ganadera. Cualquiera que haya ingerido carne regularmente habrá absorbido cantidades importantes de antibióticos y hormonas, salvo que la carne haya sido producida de manera orgánica. Una de las consecuencias de una ingesta baja de estas drogas en la dieta a lo largo de varios años es la incapacidad del individuo para controlar la candida. La candida no se ve afectada por los antibióticos (al ser una levadura y no una bacteria), por lo tanto se desarrolla bien y se extiende en tanto que las bacterias benéficas en el intestino disminuyen o son erradicadas por la constante ingesta de antibióticos (Chaitow, 1996). Los residuos de antibióticos también están presentes en los huevos y en los lácteos, salvo que sean de origen orgánico. Los peces de criadero también pueden estar contaminados de esta forma. No sabemos qué cantidad de las drogas utilizadas en la industria ganadera ingieren, a diario, las personas a través de los alimentos que consumen.

Este año la UE prohibió el uso de un par de antibióticos debido al temor de que la resistencia a los antibióticos se torne un problema aún más grave de lo que es actualmente. Sin embargo, la prohibición abarcó solo uno o dos antibióticos de una serie muy amplia. La exposición a otros antibióticos sigue siendo un problema serio.

Si permitimos la carne en la dieta terapéutica elegimos sólo determinadas carnes por diversas razones, siendo una de las razones los niveles menores de toxinas tales como las drogas mencionadas. Es más probable que la carne de cordero esté menos afectada debido a que estos animales pasan más tiempo pastando y comen menos piensos compuestos. Las liebres, los conejos de monte y demás animales de caza no están afectados por hormonas y antibióticos, lo mismo que los peces que no son de criadero. Lo ideal es que, en la medida de lo posible, los consumidores de carne, si tienen que comer carne, coman carne de animales criados de manera orgánica.

Los pesticidas también son un peligro dado que a menudo contaminan los piensos. Estos productos tóxicos pueden acumularse y concentrarse en los tejidos animales, que son consumidos más tarde por el público.

Tomando en cuenta todo lo dicho, la mayoría de nuestras dietas estarían mejor sin carne, particularmente por el hecho de que siempre ejerce el efecto de frenar el proceso de desintoxicación y eliminación debido a su efecto supresor sobre la Fuerza Vital. En las terapias para personas cuyas dolencias son menores, o al diseñar dietas para fines de la prevención, se deja a menudo un poco de carne en la dieta porque el paciente así lo prefiere.

Extraido resumido del Curso de Nutrición Ortomolecular del Instituto de Nutrición Holística.


 

En base a estos estudios e información podemos decir que el consumo de carne roja tiene que estar restringido y no ser excesivo si queremos evitar problemas de toxicidad y/o inflamación sistémica. Pero no hace falta eliminar completamente la carne si sabemos comerla con moderación y sabemos elegir carnes libres de pesticidas, antibióticos, hormonas y que no sobrecarguen en exceso el metabolismo.

En este lugar estarían carnes de pollo ecológico, cordero, conejo, liebres y aves de caza como perdiz, pato o codorniz. Incluso con este tipo de carnes no debería su consumo exceder a dos o tres veces máximo por semana. Si tenemos problemas con el metabolismo de los carbohidratos y preferimos una dieta mas bien alta en proteína podemos completarla con el consumo de huevos de corral o ecológicos, pescado salvaje o ecológico y legumbres. Cereales integrales como el arroz integral o el mijo también nos aportan fibra y nutrientes y descargan la dieta de un exceso de proteína animal.

La forma de cocinar las carnes también es importante, no debemos usar altas temperaturas ni frituras. La carne cocinada a altas temperaturas como la carne frita o la asada en la barbacoa, produce sustancias denominadas aminas heterocíclicas (HCA’s). La cocción de la carne al horno produce menos HCA’s y la carne guisada, hervida o cocida a fuego muy lento prácticamente no tiene HCA’s. En el bacon frito se encuentra la mayor cantidad de HCA’s.

Por ultimo podemos evitar los efectos de acidificación del organismo del consumo de carnes tomando una amplia y variada cantidad de vegetales tanto en forma cruda, en zumos o al vapor. Y podemos mejorar la digestión y asimilación de las proteínas de la carne con el uso de suplementos de betaina hidroclorhídrica, antes de las comidas proteicas para disminuir la sobrecarga a la digestión.

Publicado en:
elena perea

By Elena Perea

Elena Perea acabó una licenciatura en Ciencias Exactas en Madrid, posteriormente estuvo residiendo en Inglaterra donde cursó estudios en la Plaskett Nutricional Medicine College y se diplomó en el año 2001 como “Nutritional Therapist” o Nutrición terapéutica. También ha cursado estudios con el Institute for Functional Medicine en Londres: Gastrointestinal Health, Head to Toe, y Applying Functional Medicine.

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